El corrido de Silvano

En las recónditas
juntas masónicas
que los clerófobos
marcaron ya
cuál es el número
mayor de clérigos
a quienes déjanles
administrar.

Y el pobre tránsfuga,
que ayer fue místico
y hoy es un lépero
Gobernador
le dieron órdenes
de echar su rúbrica…
y, el vil, sin réplicas
obedeció.

¡Silvano bárbaro!
cuando eras ‘méndigo’
los curas dábante
con que comer:
hombre creyerónte;
pero engañábanse
saliste víbora
de cascabel.

Junto del lábaro

de los católicos,
en luchas épicas
te viste ayer;
en esa época,
en fiestas públicas
tus mismas lágrimas
cantaron fe.

O eras hipócrita,
cobarde zángano
manifestándote
cristiano fiel;
o es el estómago
quien aconséjate
que seas un títere de Lucifer…

¡Silvano, óyeme!
no seas el látigo
de la masónica
vil impiedad
¡mejor suicídate!
que un perro hidrófobo
si muere, alégrase
la sociedad.

Ni el Diéguez vándalo
ni el Zuno histórico
ni el CHIC Sepúlveda
dieron jamás
leyes tan cínicas

y tan satánicas,
como las… únicas
que tú darás.

Y a Diéguez búscalo…
y a Zuno míralo
y llega y huélelo
a tu antecesor…
son carne fétida
soberbia, inválida
y… una vil cáscara
de un vil melón
Silvano, cuídate
la fuerza indómita
que a esos impávidos
nulificó,
sobre ti ciérnese,
pobre sacrílego
¿qué puedes mísero
contra de Dios?

En todo ámbito
de esta tu ínsula
todos maldícente
como traidor,
y al ver que fúlgido
cae un relámpago
le gritan: ¡mátalo!
por compasión…

Si fuera víbora
ciempiés, murciélago,
aún tuviérante
menos horror
pero eres vástago
del Judas pérfido
que por metálico
vendió a Dios.

Silvano apóstata;
en tu hora última,
que viene rápida
y cerca esta…
las manos trémulas,
crispadas, vuélvelas,
a Cristo ¡implóralo
¿perdonará?